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La Ruta del Saber

Quince Artistas contemporáneos del Perú, cierra 07/10


 

Pabellón de las Bellas Artes de la UCA

Alicia Moreau de Justo 1300

 

Curador: Ernesto Muñoz

Aisha Asconiga / Luis Martin Bogdanovich / Mateo Cabrera / Christian Fuchs / Chiqui García / Joan Jiménez / Raúl La Madrid / Mateo Liébana / Felipe Llona / Michelle Magot / Ado Martin Torres / Fernando Otero / Cecilia Paredes / Carmen Reategui / Bruno Zeppilli

La Ruta del Saber

por Cecilia Cavanagh

Directora del Pabellón de las Bellas Artes

El Pabellón de las Bellas Artes exhibe una muestra curada por el distinguido critico chileno Ernesto Muñoz. Una selección de quince artistas contemporáneos venidos a Buenos Aires desde el Imperio Inca por el irresistible encanto de la Ruta del Saber.

Aisha Asconiga parte de imágenes de publicidad de cosméticos, o de prometida belleza para el consumidor, y consigue transformarlas contra sí mismas, recomponiéndolas con su pintura y con la aplicación de citas de las mismas revistas de la moda en collages, reconstituyendo avisos conspiradores en nuevas fotografías.

En su Serie Paisaje sublime, Luis Martin Bogdanovich se representa en sus imágenes fotográficas como a un viajero del SXIX, capturado por una mezcla de la serenidad en el aislamiento, y de la fascinación que transmiten la grandiosidad de escenarios, en este caso rocosos, extraordinarios.

La repetición del huevo en la pintura de Mateo Cabrera, y la espontaneidad que marca su disposición desordenada con algunas cascaras que están rotas y otras no, además de lo que nos informa la escritura respecto a La Montaña Sagrada, sabemos que hay una yema adentro del huevo que es el aire por lo que inmediatamente anhelamos que el huevo se siga incubando de manera exponencial.

En la teatralidad y el transformismo que combina Christian Fuchs para retratarse a sí mismo como sus ancestros, con asistencia de maquilladores y vestuaristas, y su internalización integral de los personajes, el fotógrafo restituye con intensidad la figura de sus antepasados, representando una apertura afectiva y emotiva a su memoria.

La confección de cada pieza en cerámica que Chiqui García trabaja en forma circular irregular y en variados colores terracota y cielo, con características estilísticas que hacen caso omiso a la materialidad del mundo, se acentúa en las construcciones combinadas del conjunto y en la perspicaz relación que se forja entre sus arcillas y pigmentos con la cerámica del Antiguo Perú.

Los collages de Joan Jiménez, realizados con retazos de afiches en colores luminosos arrancados de las calles, atormentan al espectador con el consumismo voraz que expresan, manifestándose en los incalculables anuncios publicitarios de una ciudad: un mundo del cual muchos jóvenes a los cuales les gustaría poder cambiar el mundo, quedan marginados desde sus albores.

Formas geométricas imaginadas, planos con trozos de papel en colores puros, en blanco y en negro, pedazos de varillas de madera yuxtapuestos al papel, colores y formas que se entrecruzan en los collages de Raúl La Madrid, sugieren un movimiento enérgico.

La expresión grotesca de Mateo Liébana se revela con incondicional soltura, invitando al espectador a una playa abarrotada de gente que se exhibe carentes de escrúpulos y a sentarse en el trono de estrella frente a su correspondiente alfombra, delante de personajes retratados sin limitaciones sobre tablas de surf.

La fotografía de Felipe LLona descompone edificios de una metrópoli en formas geométricas simples, con líneas limpias y sencillas, que seguidamente recompone con la utilización y combinación de colores, irradiando una visión más amplia, casi cósmica de la edificación.

La trayectoria que sugiere la textura del papel arrugado, la pureza y la luminosidad del cobalto, metal estratégico de la nueva generación tecnológica, y la simplicidad geométrica de la obra de Michelle Magot, convoca a dialogar con el espectador despertando una sensación palpitante y acogedora.

Las bolsas de residuos negras que Ado Martin Torres pinta cubriendo un rostro, una fracción de cuerpo o imaginando otro beso tapado, cuyo simbolismo refiere a la dificultad de enfrentar un mundo de caos y desorden, enfatiza en el inadaptado que queda excluido e incomprendido.

Los picos de minero obsoletos que Fernando Otero fue coleccionando, son reevaluados y remodelados por el artista, adoptando la formula retorica de la sinécdoque (designar una cosa con el nombre de otra), combinando relato e historia, símbolos y emblemas, y dándole formas contemporáneas a huellas que dejaron dichas herramientas.

La disposición de las Tres Gracias de Cecilia Paredes en su fotoperformance están íntegramente de espaldas, con un rodete recogido y envueltas en una túnica de mangas anchas, en la misma tela que el empapelado de la pared, mimetizándose con los jarrones escultóricos y las dimensiones acentuadas de las flores, y solventando su incorporación al entorno

Los maíces tallados en piedra de Huamanga de Carmen Reategui emplazados en una instalación, evocan al paisaje rural transformado por el arduo trabajo en chacras; y con la confianza y la fuerza del azul, y el resplandor del plateado en “Chancay”, representa con distinción Chincha, a pelicanos geometrizados orientados en diferentes direcciones, en defensa de su naturaleza originaria. 

Las enigmáticas figuras de Bruno Zepilli, en el mundo interior de la imaginación con rasgos indefinidos, y en el mundo exterior con movimientos que acentúan las líneas ocres ondulantes y las de contorno de las figuras en tonos vivos de rojo y azul, revelan una búsqueda que intenta desafiar la esencia de su significado.

Quiero hacer un especial agradecimiento a Ernesto Muñoz, por su valiosa curaduría y organización de la muestra, a los artistas por su importante colaboración, y a la Embajada de Perú en Argentina por su respaldo a la gestión de la exposición, para la realización de La Ruta del Saber en el Pabellón de las Bellas Artes de la Pontificia Universidad Católica Argentina.

Buenos Aires

La Ruta del Saber

por Ernesto Muñoz

La busqueda olvidada

En una librería de la calle Suipacha en Buenos Aires, que se construye con manuscritos, primera ediciones y unos escasos incunables, Cristóbal Ganosa joven docente de una prestigiosa universidad bonaerense , revisa con detención unos libros sobre las rutas de caminos de pueblos prehispánicos. Es así que en un olvidado anaquel donde se alojan unas fotos de Delia Garcés, caracterizada como Rosa de América, en ese film clásico lleno de sapiencia, a su lado, un sobre de bordes amarillos, mejor ocre, donde cartas de Martin Chambi, junto a sus fotos y una bitácora que oculta un decir de época, realizado en versos, prosa y acertijos. La compra de esos materiales se transforma en una lenta obsesión y comienza a ver, y limitarse solo a mirar. El profesor se transforma en un investigador tras la búsqueda de pesquisas e hipótesis.

La lectura del documento encontrado establecía lo siguiente: 

El sacerdote jesuita Pedro Manresa, en el año 1537, escribía que había tomado contacto con el chasqui Antawara, jefe del sistema de correos del Tahuantinsuyo, del Camino del Inca que unía a Cuzco y Buenos Aires, el que le revelo que los chasquis eran personas elegidas desde pequeños y adiestrados para correr durante largas jornadas, podían correr hasta 13 leguas reales sin parar, hasta llegar a un tambo, donde eran reemplazados.

En su preparación se les enseñaba a poder leer el cielo, en la noche, a objeto de orientarse en caso que perdieran la ruta. Pero esta enseñanza practica era parte de la entrega de los hamawt’a del saber ancestral, conocimiento hermético de los principios culturales andinos.

Los españoles habían mantenido el correo y lo usaban para comunicarse con Buenos Aires, que quedaba fuera del Camino del Inca.

En los tambos los chasquis iban dejando mensajes de predicciones que los hamawt´a enviaban a los lugares que recorrían, a través de petroglifos. Los hamawt´a podían escudriñar el cielo y predecir cataclismos o eventos que afectarían la tierra como consecuencia de alteraciones estelares, como estallidos de estrellas o choques cósmicos.

A partir de estos antecedentes el profesor cree que es necesario primero hallar el tramo del Camino del Inca, que no aparece en los mapas antiguos que aún se preservan, seguidamente encontrar los restos arqueológicos en los tambos y en tercer lugar los mensajes con las predicciones, en especial para Buenos Aires. Todo lo anterior lo deciden a convertirse en un chasqui.

En su intensa investigación previa de la cultura inca, Cristóbal debió aprender los idiomas quechua y aimara, para lograr entender con claridad las culturas Moche, Lima, Chancay, Ichma, Huari y Chincha. De esta manera vio en Pachacamac, la fuerza creadora y vitalizadora de todas las culturas que existieron en lo que fue el Imperio Incaico.

Cristóbal lentamente inicia el trabajo de preparación para unir Buenos Aires con Cuzco y la preparación del físico es esencial recurriendo a una dieta alimenticia sobria y correr durante horas. El juego está en orden pero las cartas que el oculta lo lleva a encontrar a ese ser atesorado en sus recuerdos.

Viaja al Cuzco, y permanece en la ciudad varios días en la que aprovecha para inmiscuirse en la cultura viva del pueblo, de esta manera, encuentra a personas que mantienen viva las tradiciones del pueblo después de más de 500 años. Con sus conocimientos lingüísticos se gana la confianza de un quechua, llamado Kuntur, quien lo pone en contacto con los hamawt´a.

De estas reuniones  Cristóbal  logra recopilar enseñanzas, que sitúan la cultura andina en una escala de conocimientos astrales, tal vez superiores a los que los astrónomos tienen, sobre el comportamiento del universo.

Después de varios meses comienza su viaje, vestido de chasqui, con los implementos que estos llevaban, a través de montañas, altiplano y pampa, con frío y calor, con cansancio mitigado por la hoja de coca y cal, que le fue entregado por los hamawt´a, junto con el quipus, en la que lleva un mensaje, que es entregado en una misteriosa bolsa, cerrada.

Al llegar a Tucumán logra sentir y palpar este mundo sub yacente, que tanto anhela.

Su periplo es largo y fatigoso pues debe, además de hacer el recorrido del Camino del Inca, investigar cada lugar en esencia para poder encontrar los indicios de lo que espera encontrar.

Al final de su viaje, su entrada a Buenos Aires es apoteósica, pues lo esperan en las calles cientos de personas que han seguido por la Televisión su aventura, de correr y descansar día tras días como si fuera un chasqui, que va haciendo la posta diaria de 40 kilómetros, así demoró 3 meses.

Pero lo más preciado es que trae el mensaje que le han dado los hamawt´a, y que deberá abrir el día en que se descubra el nacimiento de una supernova.

Ha pasado un largo tiempo, desde su llegada y no se vislumbra ningún fenómeno celeste. Durante años Cristóbal, espero y espero la noticia del descubrimiento de una supernova, hasta que un día leyó en el periódico la noticia más esperada de su vida. Si bien se había sentido frustrado porque a la fecha él consideraba que su sacrificada búsqueda había quedado olvidada, ahora podría por fin conocer la anhelada respuesta. Todo el esfuerzo realizado se había diluido en el tiempo pero ahora todo volvía a tener vigencia.

Un astrónomo argentino aficionado había fotografiado por casualidad el nacimiento de una supernova.

Rápidamente fue en busca de su quipu para descifrarlo, de acuerdo a lo convenido. Con mucha emoción observó los nudos y pudo traducirlo. El mensaje era sencillo y avisaba que vendrían a Buenos Aires 15 artistas visuales desde el Imperio Inca con sus obras y en ellas estaría contenido el mensaje tan esperado.

Ernesto Muñoz. Secretario AICA Internacional. Capitulo Chileno

La Ruta del Saber

Entrada libre y gratuita

De martes a domingo, de 11 a 19 hs

www.uca.edu.ar/pabellon 

Alicia M. de Justo 1300, PB

(1107) Puerto Madero - Buenos Aires



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